
Cuando me decidí a hacer un Erasmus, ni siquiera pensaba en todo lo que implicaba irme de mi casa...Hasta casi dos semanas antes de marcharme no fui consciente de nada...e incluso en las despedidascon los amigos ni siquiera solté una pequeña lagrimilla...
Pero una vez llegas ahí, es aún más duro...Ni me podía imaginar cómo de duro podía llegar a ser compartir piso con alguien...Ni siquiera imaginaba la cantidad de trabajo que comporta llevar una casa, por muy pequeña que sea...En definitiva, no podía llegar a hacerme una idea de lo que significa vivir por uno mismo..
Es verdad que el Erasmus es fiesta pura, que el trabajo se limita a unas pocas horas de clase y cuatro deberes...Pero los examenes dan más miedo, ya que son en otro idioma...y el nivel de escritura en tu clase te sobrepasa...
Pero compartir es mucho más curioso...Hacer aquello que te apetece hacer sin molestar al vecino se convierte en algo complicado des del momento en el que compartes tu hogar...
Pero es bueno, sin embargo, saber que uno puede llevar su vida sin depender "totalmente" de sus padres. Porque está claro que al fin y al cabo, los que ayudan económicamente son ellos...
Lo curioso, es que la vida pasa, suave y sin esfuerzo...pero un día te encuentras echando de menos, todo aquello a lo que antes ni siquiera dabas importancia. Y las puertas que tenías abiertas, están de un día para otro, cerradas; así como otras, se abren de par en par...
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